Evitación extrema de la demanda (PDA): qué es, qué no es y cómo entenderla

En los últimos años, el término evitación patológica de la demanda (PDA, por sus siglas en inglés) se ha popularizado notablemente, especialmente en contextos relacionados con el autismo. Su difusión en medios especializados y redes sociales ha hecho que muchas familias encuentren en esta etiqueta una forma de poner palabras a comportamientos que hasta ese momento resultaban difíciles de comprender: una resistencia intensa a las demandas cotidianas, una gran variabilidad del estado de ánimo o reacciones emocionales aparentemente desproporcionadas ante situaciones habituales.

Para muchas personas cuidadoras, el término ha supuesto un alivio inicial. Ayuda a entender que determinados comportamientos no son simple “desobediencia” o “oposición”, sino intentos de afrontar situaciones vividas como abrumadoras. Sin embargo, que un término resulte descriptivamente útil no implica que deba utilizarse como diagnóstico ni que explique por sí solo lo que le ocurre a una persona. Comprender la evitación extrema de la demanda requiere ir más allá de la etiqueta.

¿Qué se entiende por evitación extrema de la demanda?

Necesidad Extrema, impulsada por la ansiedad, de controlar el entorno y las expectativas de los demás.

El término fue propuesto por primera vez en 1983 por Elizabeth Newson para describir un perfil conductual observado en algunas personas dentro del espectro del autismo. Hace referencia a una necesidad extrema de controlar el entorno y las expectativas de los demás, generalmente vinculada a experiencias intensas de ansiedad, malestar o incertidumbre.

La evitación de la demanda no se limita a decir “no” o a negarse a colaborar. Puede implicar estrategias complejas —a veces muy elaboradas— destinadas a reducir la presión percibida: desde la distracción y la negociación constante hasta conductas más disruptivas o un aparente retraimiento. En este perfil pueden coexistir una gran labilidad emocional, comportamientos obsesivos y una sociabilidad que, en ocasiones, parece superficial o poco ajustada al contexto.

Este conjunto de comportamientos ha sido descrito por la National Autistic Society como un perfil de comportamiento dentro del espectro del autismo, pero no como una entidad diagnóstica independiente. Desde fuera, estas conductas suelen percibirse como especialmente difíciles de manejar, tanto en el ámbito familiar como escolar.

¿La evitación extrema de la demanda es un diagnóstico?

No. Actualmente, la evitación extrema de la demanda no está reconocida como diagnóstico en ninguna de las clasificaciones diagnósticas internacionales. No es un trastorno en sí mismo ni tiene una base médica específica. Se trata de un patrón de conducta complejo, resultado de la interacción entre las características de la persona y las demandas del entorno, así como de su historia de aprendizaje y adaptación.

En los últimos años han surgido propuestas de “diagnóstico de PDA” realizadas de forma aislada. Este enfoque conlleva riesgos importantes: centrar la evaluación exclusivamente en esta etiqueta puede impedir una comprensión global de la persona, retrasar la identificación de otros diagnósticos relevantes (por ejemplo, autismo, TDAH o trastornos de ansiedad) y dificultar el acceso a apoyos realmente ajustados a sus necesidades. En la infancia temprana, estas decisiones pueden tener un impacto significativo en el desarrollo y la evolución posterior.

Características de la Evitación Patológica de la Demanda

  • La evitación es omnipresente y suele parecer ilógica o perversa (p. ej., el niño puede ser incapaz de hacer lo que se le pide). Por ejemplo, el niño puede ser incapaz de comer cuando tiene hambre, si se le pide que lo haga) y causa una alteración significativa de las actividades diarias, lo que lleva a la familia a tener que hacer un gran esfuerzo para gestionar cualquier demanda.
  • La evitación no se limita a una actividad (o actividades) específica en un contexto específico (por ejemplo, reticencia a ir al colegio o a hacer los deberes, por ejemplo).
  • Estilo de socialización con conductas inesperadas o bruscas. Puede parecer que el niño o niña sigue un guion o utiliza estrategias que carecen de sutilezas (por ejemplo, romper las gafas para no hacer los deberes).
  • Muestra un comportamiento que puede ser interpretado por el entorno como manipulador ya que trata de conseguir sus objetivos valiéndose de todo tipo de argumentos y estrategias. Por ejemplo, utiliza excusas elaboradas.
  • Conductas que son interpretadas por el entorno como «sabotaje». Por ejemplo, el niño tienen conductas disruptivas o que entorpecen el desarrollo de una actividad o acontecimiento que esperaba con ilusión.
  • Muestra una actitud demasiado directa o «mandona» con sus compañeros, amigos o iguales.
  • Tiene cambios rápidos de humor, que son difíciles de explicar por el entorno.
  • Se siente cómodo/a en los juegos de rol.
  • No resultan eficaces las estrategias tradicionales de recompensas/premios y consecuencias/castigos.
  • Es posible que haya una reducción de los rasgos de PDA con la edad, debido a la mejora en las habilidades de autorregulación y comunicación, así como el aumento en la capacidad de la persona para defenderse por sí misma.

¿Qué otras explicaciones pueden ayudarnos a entender estos comportamientos?

Milton (2012 ; Davis y Crompton, 2021) ha sugerido que la comprensión del autismo por parte de quienes no son autistas se ve obstaculizada por el «problema de la doble empatía». Por lo tanto, los individuos autistas no sólo pueden tener problemas para comprender a otras personas, sino que otros, incluidos los padres y cuidadores, también tienen dificultades para comprender a las personas autistas.

Bolis et al. (2017) proponen que un desajuste de la dinámica interpersonal (descrita como «desajuste dialéctico») es un factor subyacente en las dificultades sociales y comunicativas que experimentan las personas autistas. Esta teoría sugiere que los «desajustes» repetidos y recíprocos a lo largo del tiempo conducen a «divergencias crecientes en los estilos de comunicación y las interacciones entre personas no autistas y autistas» ( Davis y Crompton, 2021 , p. 2). No reconocer o responder eficazmente cuando un niño autista experimenta ansiedad, malestar o angustia puede hacer que el niño se sienta incomprendido y solo. Para aliviar la angustia, el niño puede entonces adoptar conductas percibidas por los demás como socialmente «inapropiadas» o «perturbadoras», lo que da lugar a consecuencias o sanciones sociales negativas. La acumulación de tales experiencias a lo largo del tiempo conduce, a su vez, a un mayor uso de estas estrategias «problemáticas».

Si la PDA constituye una manifestación conductual autista de experiencias como ansiedad o trauma, crear una etiqueta de diagnóstico separada para las personas autistas puede resultar inútil para ayudar a estas personas a acceder a los servicios y la atención adecuados.

Stuart, Grahame, Honey y Freeston (2020) plantean que la PDA es una estrategia para gestionar la incertidumbre. Cuando se enfrenta a la incertidumbre, un niño o un adulto con TEA puede intentar inicialmente ejercer control sobre la situación; intentando así mejorar la certeza y atenuar su ansiedad. Este comportamiento no está mediado por la ansiedad. Sin embargo, la naturaleza del comportamiento controlador, como dar instrucciones a otros o imitar figuras de autoridad, le hace socialmente desafiante y muy probable que genere reprimendas o una escalada de demandas sociales.

Entonces la persona puede optar por un enfoque más encubierto de evitación mental, como retirarse a un mundo de fantasía en el que evita relacionarse con las personas la situación incierta, de manera que es menos probable que llame la atención o le exijan. Si los intentos de aumentar la certeza son ineficaces, es probable que aumente la ansiedad. Como último recurso, cuando las estrategias de control y evitación no tienen éxito, la persona puede llegar a la etapa de «crisis». Esto puede representar una pérdida total del control emocional y conductual debido a una mayor ansiedad; o alternativamente, un comportamiento estratégico destinado a lograr la salida de una situación que provoca ansiedad.

Por tanto, la PDA tienes características en común con los mecanismos de afrontamiento desadaptativos, como los trastornos alimentarios, el mutismo selectivo y las autolesiones. En tanto que posponen el afrontamiento, permitiendo a la persona recuperar el control de la situación y disminuir la ansiedad.

¿Se puede superar la Evitación Patológica de la Demanda?

La conducta de evitación, como otros patrones de conducta compleja, pueden variar a lo largo del tiempo.

En lugar de centrarnos en una categoría separada (solo PDA), es necesario realizar una evaluación global que incluya la descripción de los comportamientos que la persona manifiesta, las características del entorno y las características de la persona (síntomas TEA, características sensoriales, comunicativas, flexibilidad, cognición social, etc).

Será fundamental explorar en detalle las demandas: impacto de las expectativas y demandas de los adultos, los contextos y circunstancias en los que se producen, los cambios en la conducta de evitación, etc. También necesario centrarse en las habilidades de las personas y las necesidades que experimenta la persona y la familia. Es posible que las familias requieran de apoyo adicional, consejo y formación para comprender a su hijo o hija y para poder implementar estrategias más eficaces de regulación. Así mismo, es fundamental, realizar diagnósticos diferenciales ya que pueden estar presentándose dos problemas (por ejemplo, autismo y TDAH) lo que aumenta las dificultades experimentadas por la persona.

Idea Clave

La evitación extrema de la demanda no es un diagnóstico, sino un patrón complejo de afrontamiento vinculado a la ansiedad, la incertidumbre y el entorno. Comprenderla requiere una mirada global que evite etiquetas simplistas y permita ofrecer apoyos ajustados y respetuosos.

Referencias bibliográficas

Green, J., Absoud, M., Grahame, V., Malik, O., Simonoff, E., Le Couteur, A., & Baird, G. (2018). Pathological demand avoidance: symptoms but not a syndrome. The Lancet Child & Adolescent Health2(6), 455-464.

Kildahl, A. N., Helverschou, S. B., Rysstad, A. L., Wigaard, E., Hellerud, J. M., Ludvigsen, L. B., & Howlin, P. (2021). Pathological demand avoidance in children and adolescents: a systematic review. Autism25(8), 2162-2176.

O’Nions, E., & Eaton, J. (2020). Extreme/‘pathological’demand avoidance: an overview. Paediatrics and Child Health30(12), 411-415.

Stuart, L., Grahame, V., Honey, E., & Freeston, M. (2020). Intolerance of uncertainty and anxiety as explanatory frameworks for extreme demand avoidance in children and adolescents. Child and Adolescent Mental Health25(2), 59-67.

White, R., Livingston, L. A., Taylor, E. C., Close, S. A., Shah, P., & Callan, M. J. (2023). Understanding the contributions of trait autism and anxiety to extreme demand avoidance in the adult general population. Journal of Autism and Developmental Disorders53(7), 2680-2688.

Autor: Mónica Valverde Salgado

Psicóloga, apasionada de la conducta humana. Creo que cada personas es única. Trabajar en equipo, con empatía y dedicación es la base de mi trabajo. Sin olvidar nunca el humor y las Terapias Basadas en la Evidencia.

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