¿Por qué tomas malas decisiones? (y cómo dejar de hacerlo)

Categoría: Salud Mental
Etiquetas: decisiones

Para dejar de tomar malas decisiones es importante saber cómo funciona nuestro cerebro. Descubre los 4 errores más frecuentes que hacen que tomes malas decisiones. También encontrarás una guía para tomar mejores decisiones en el futuro, podrás descargarla y guardarla.

Tomamos miles de decisiones cada día: qué ropa te vas a poner, qué vas a comer, qué camino seguirás para ir al trabajo, dónde aparcarás, qué vas a decirle a tu pareja, etc. Pero claro, no todas las decisiones tienen el mismo impacto en nuestra vida. Grandes decisiones como continuar o no con una relación, estudiar un máster, cambiar de empleo, tener un hijo, comprar un coche o mudarnos son cuestiones que pueden marcar nuestra vida.

Si revisas tu pasado y encuentras malas decisiones, esta entrada puede ayudarte. Aprender sobre la toma de decisiones no te garantiza no volver a equivocarte, pero conocer qué factores te llevan a decidir de forma poco ajustada y entrenar algunas estrategias puede ayudarte a tomar mejores decisiones en el futuro.

4 errores frecuentes en la toma de decisiones

Como ya sabes, tomamos miles de decisiones al día. Reflexionar sobre todas y cada una nos impediría desenvolvernos de forma efectiva en nuestro día a día. Por ello, nuestro cerebro utiliza estrategias que simplifican el proceso.

Estas estrategias pueden producir errores a la hora de tomar decisiones. Es el pequeño precio que pagamos por responder a tantas demandas. Pero para las decisiones importantes suele ser mejor frenar el piloto automático, ampliar opciones y revisar la información con más calma.

Disponibilidad

Implica tomar decisiones basadas en lo fácil que es recordar algo. Cuando intentas tomar una decisión, puedes recordar rápidamente una serie de ejemplos relevantes. Dado que estos están más fácilmente disponibles en tu memoria, probablemente pensarás que esos resultados son más comunes o frecuentes. Por ello, los tendrás más en cuenta a la hora de tomar tu decisión.

Por ejemplo, si estás pensando en volar y en las últimas semanas han salido accidentes aéreos, es posible que consideres que el avión es un medio de transporte peligroso y decidas viajar en coche o tren.

Ejemplo: si tu red social te muestra historias repetidas sobre un tipo de fraude, una ruptura o una mala experiencia con un servicio, puedes sobreestimar su frecuencia real y tomar decisiones desde el miedo, aunque el riesgo objetivo sea bajo o existan alternativas seguras.

Representatividad

Fue descrito por Kahneman y colaboradores (1982). Consiste en evaluar la probabilidad de un suceso en base a lo representativo que nos parece respecto a la población de la que proviene.

Por ejemplo, vamos a comprar una televisión a un centro comercial. Tendemos a pensar que un televisor caro será de mejor calidad que uno barato. Quizás tengamos esta idea porque un amigo nuestro se compró un televisor caro y está muy contento, o porque lo hemos escuchado en otras ocasiones. La cuestión es que este sesgo nos lleva a error porque no tenemos en cuenta las excepciones.

En las relaciones personales, cuando conocemos a alguien que encaja en un determinado estereotipo, creemos que se comportará de acuerdo a él. Esto puede llevarnos a alejarnos automáticamente de una persona con la que podríamos tener una buena relación simplemente porque pertenece a una determinada categoría.

Ejemplo actual: en compras online, ver una marca con estética premium, muchos seguidores o un packaging llamativo puede hacernos inferir calidad sin revisar datos comparables. También puede pasar al revés: descartar una opción por su apariencia, aunque sea adecuada para lo que necesitamos.

Confirmación

Las personas tendemos a favorecer, buscar, interpretar y recordar la información que confirma nuestras propias creencias o hipótesis. Por ello, damos una importancia desproporcionada a aquello que confirma nuestras ideas y tenemos menos en cuenta posibles alternativas.

Ejemplo: cuando dudas sobre una decisión importante (seguir o no en una relación, cambiar de trabajo, iniciar un proyecto), es fácil buscar en internet solo lo que encaje con lo que ya sientes, quedándote con argumentos que refuercen una decisión previa. Esto puede dar sensación de certeza, pero no siempre mejora la calidad de la decisión.

Emoción

Las emociones pueden actuar como un imán dirigiendo tu toma de decisión hacia una opción concreta. La investigación ha mostrado que las personas son más propensas a creer que sus decisiones tienen mayores beneficios y menores riesgos cuando están de buen humor. Mientras que las emociones negativas llevan a centrarse en las desventajas potenciales en lugar de los posibles beneficios.

Ejemplo: decidir responder un mensaje en caliente, comprar impulsivamente en una oferta limitada, o aceptar un plan por miedo a perderlo son situaciones donde la emoción del momento puede tomar el control. En decisiones grandes, la emoción es información valiosa, pero no siempre un buen volante.

Antes de decidir: señales de que estás en piloto automático

Estos sesgos aparecen con más fuerza cuando estamos con prisa, cansancio, presión externa o exceso de información. Reconocer el contexto puede ayudarte a elegir mejor el momento y el método para decidir.

  • Notas urgencia o presión por decidir ya, aunque no haya una necesidad real de hacerlo hoy.
  • Te sorprendes buscando solo pruebas a favor de una opción y evitando datos que te incomodan.
  • Te quedas con uno o dos ejemplos muy recientes como si fueran la norma general.
  • Te cuesta generar alternativas y solo ves dos opciones extremas.
  • Decides con el cuerpo activado, con ansiedad, enfado o euforia, y luego dudas de tu criterio.

Cómo dejar de tomar malas decisiones

1. Te encuentras ante una elección

La disponibilidad y la representatividad pueden hacer que se te escapen opciones. Pon en marcha la creatividad e intenta generar múltiples alternativas, cuantas más diferentes mejor. Acuérdate también de las excepciones y pregúntate qué opción no estás considerando por inercia.

Ejemplo: si piensas en “o lo dejo o aguanto”, prueba a incluir opciones intermedias, como poner límites concretos, pedir ayuda, negociar cambios observables o darte un plazo de revisión.

2. Analizas tus opciones

El sesgo de confirmación puede llevarte a reunir información sesgada. Para ampliar la perspectiva, piensa qué opciones podrían elegir diferentes personas de tu entorno: tu mejor amigo/a, tu pareja o algún familiar al que valores mucho.

Otra estrategia útil es obligarte a construir el mejor argumento posible a favor de la opción que menos te atrae. No para elegirla, sino para reducir el sesgo y tomar una decisión más informada.

3. Intentas tomar una decisión y la emoción te empuja

La emoción a corto plazo puede tentarte para que tomes la errónea. Toma distancia. Para decisiones importantes, espera al menos 3 días antes de decidir. No dejes que nadie te presione. Tu frase clave: “Es una decisión importante y necesito tomarme mi tiempo”.

Si la decisión es urgente, toma distancia aunque sea breve: deja pasar unas horas, duerme, vuelve al tema cuando el cuerpo esté más regulado y puedas pensar con más claridad.

4. Vivir con la decisión

A veces tendemos a ser excesivamente optimistas o excesivamente pesimistas respecto al futuro. Así que recuerda:

  • Tienes que tolerar la incertidumbre.
  • El futuro no está escrito y no puedes saber exactamente qué ocurrirá. En el futuro también tendrás la opción de tomar decisiones, cambiar de opinión o poner en marcha estrategias diferentes.
  • Tomamos decisiones con la información del presente.
  • Tenemos que ser tolerantes con el error.
  • Forma parte del aprendizaje humano.
  • No aspires a controlar todas las variables. Es imposible.
  • Céntrate en lo que se te da mejor o en lo que consideras más importante.
  • Si te ayuda, marca una fecha para revisar cómo va la decisión y qué ajustes realistas puedes hacer sin castigarte.

¡Descarga nuestra guía para continuar mejorando!

Descarga nuestra guía para tomar decisiones adecuadas:

Consejo de uso: guarda la guía y utilízala cuando estés ante una decisión relevante. Repetir el proceso con calma suele ser más eficaz que buscar la respuesta perfecta en un único intento.

Algunos recursos más

En Decídete, los hermanos Heath, basándose en la literatura científica sobre la toma de decisiones, presentan un proceso de cuatro pasos para contrarrestar sesgos. Escrito en un estilo ameno, recorre historias y anécdotas reales para ayudarnos a tomar mejores decisiones en la vida personal y profesional. Empieza a leerlo aquí:


En esta charla TED, el economista de la conducta Dan Ariely utiliza ilusiones visuales clásicas y hallazgos de investigación para mostrarnos cómo no somos tan racionales como creemos al tomar decisiones:


El psicólogo de Harvard Dan Gilbert muestra en este vídeo cómo nuestra mente comete errores en diferentes procesos de pensamiento:

Para cerrar, quédate con esta idea: decidir mejor no es acertar siempre, sino aprender a frenar cuando el cerebro va en piloto automático. Si notas prisa, presión o emoción intensa, regálate un margen, amplía opciones y vuelve a lo que de verdad importa para ti a medio y largo plazo. Las decisiones relevantes se construyen con información imperfecta, así que no busques certeza absoluta; busca coherencia con tus valores, flexibilidad para ajustar el rumbo y amabilidad contigo cuando haya errores, porque también forman parte del aprendizaje humano.

Autor: Manuel Peña Hermosa

Psicólogo Sanitario. Especialista en Psicopatología y Salud. Experiencia en el tratamiento psicológico con adultos y niños. Evaluación y tratamiento de las dificultades de aprendizaje en el ámbito escolar. Elaboración de informes. Apoyo Psicoeducativo.

Entradas relacionadas:

/* JS para menú plegable móvil Divi */