Labilidad emocional en la infancia

Autor: Mónica Valverde Salgado

Psicóloga, apasionada de la conducta humana. Creo que cada personas es única. Trabajar en equipo, con empatía y dedicación es la base de mi trabajo. Sin olvidar nunca el humor y las Terapias Basadas en la Evidencia.

Cambios bruscos de humor en niños y niñas

La labilidad emocional es un patrón de desregulación emocional. Generalmente, son niños y niñas que experimentan o expresan emociones inusualmente intensas ante situaciones en las que no esperaríamos esa respuesta emocional.

En una sesión, la madre de Ángela contaba como ejemplo cómo situaciones “sin importancia” podría desencadenar una intensa respuesta emocional en su hija:

Íbamos en el coche hacia casa cuando estalló a llorar. Había salido del colegio contenta. Parecía tranquila, su hermano me empezó a contar cómo le había salido su examen. Y de repentes, A. se puso a llorar intensamente. Decía que nadie quería escucharla y que siempre le hacemos lo mismo.

Otros comportamientos que comentaba la madre la Ángela eran los siguientes:

– Le resultaba difícil saber qué podía poner de mal humor a su hija, ya que podían ser cosas de lo más variadas.

– Que perdía con frecuencia el interés por las actividades que estaba realizando. No sabe si porque se aburría, porque algo no le gustaba o porque otras cosas llamaban más su atención.

– Había días en los que estaba muy cariñosa y habladora.

– Se irritaba con frecuencia.

¿Qué es la Labilidad Emocional infantil?

La labilidad emocional (EL) es un concepto transdiagnóstico, es decir, un grupo de comportamientos que se observan en niños y niñas con independencia de si tienen o no un diagnóstico clínico (ansiedad, depresión, TDAH, TEL, etc.).

¿Qué es exactamente la Labilidad Emocional infantil?

Se trata de un patrón específico de desregulación de las emociones. Es decir, una forma de experimentar y/o de expresar las emociones que interfiere de alguna forma con las actividades o con los objetivos que el niño o niña quiere conseguir en diferentes ámbitos de su vida. Generalmente, son niños y niñas que experimentan o expresan emociones inusualmente intensas ante situaciones en las que no esperaríamos esa respuesta emocional. También puede manifestarse como cambios mal controlados en su estado emocional.

¿Con qué suele asociarse la Labilidad Emocional infantil?

Está fuertemente asociado con el TDAH ya que en ambos se presenta una alta reactividad emocional y una baja regulación de las emociones. Debido a esta asociación, suele evaluarse si el niño o niña que presenta labilidad emocional tiene dificultades en la planificación, atención, inhibición. Este grupo de habilidades son muy necesarias para dirigir nuestro comportamiento y se les denomina Funciones Ejecutivas. También se encuentra con frecuencia que estos niños y niñas tienden a realizarse autoafirmaciones negativas y esto afecta a su rendimiento en diferentes tareas.

¿Qué diferencias hay entre el TDAH y la Labilidad Emocional en la infancia?

En los niños y niñas con TDAH se suelen encontrar dificultades para mantener su motivación. Su respuesta antes los castigos y ante los premios o recompensas es muy limitada, parece que todo les da igual. Esta característica no se encuentra en los niños y niñas con labilidad emocional. No obstante, en ambos casos las familias parecen encontrar muchas dificultades para reconducir sus comportamientos.

¿Cómo pueden los niños y las niñas con Labilidad Emocional mejorar?

Para superar la Labilidad Emocional, tenemos que identificar los puntos débiles. Aquellas habilidades que están menos desarrolladas y que están impidiendo que las emociones se regulen de forma óptima. Algunas habilidades que puede ser necesario entrenar son:

– Funciones ejecutivas. Se trata de las funciones “que dirigen” la conducta (planificación, flexibilidad, activación, inhibición, concentración)

– Fomentado la monitorización de emociones. Es decir, ayudando a identificar qué emociones se están experimentando, con qué intensidad y por qué se está experimentando esas emociones en concretos.

– Aumento las auto-afirmaciones positivas y disminuyendo los pensamientos negativos.

– Enseñando estrategias alternativas de conducta.

– Ayudándoles regular la intensidad de las emociones que experimentan.

– Enseñando a la familia a reducir los bucles de comportamientos, para no “aumentar” la intensidad emocional.

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