¿Hijos agresivos? Tu hijo o hija • te insulta • te ridiculiza o humilla • te roba dinero • te chantajea para conseguir lo que quiere • te destroza objetos personales o de la casa en sus ataques de ira • te suele empujar o forcejear contigo • te amenaza • te ha golpeado con algo o lanzado objetos • te ha dado un puñetazo o una patada. Todas estas conductas son agresiones que forman parte de la violencia que los hijos e hijas pueden ejercer contra sus madres y padres. Te explicamos a continuación qué es este tipo de violencia.

Hijos Agresivos,  ¿qué es la Violencia Filio-parental (VFP)?

Fotografía de Asier Romero

Fotografía de Asier Romero

Generalmente por violencia filio-parental nos referimos a situaciones en las que hijos e hijas actúan reiteradamente con la intención de causar dolor físico, psicológico o económico a sus progenitores, o bien para hacerse con el control y el poder sobre uno de los progenitores.

No consideramos que hay violencia filio-parental cuando ha tenido lugar una agresión aislada sino cuando las agresiones se repiten en el tiempo, causando considerable indefensión y ansiedad en los padres y madres.Tampoco se incluyen en esta definición las agresiones sexuales a los padres y los asaltos premeditados con armas , así como la violencia acontecida en un estado de disminución importante de la consciencia (autismo o retraso mental grave) y que no se repite cuando éste remite (agresiones en el curso de intoxicaciones, de trastornos mentales orgánicos, de trastornos del curso o contenido del pensamiento).

¿Qué tipos de Violencia Filio-parental (VFP) existen?

En la actualidad diferenciamos tres tipos de VFP:

Resultado de imagen de icono deporteFísica: que consiste en actos de violencia directos como empujar, abofetear, dar patadas o puñetazos a los padres. También incluye pegarles con algún objeto, amenazarles con elementos peligrosos, o romper, dar patadas o pintar/rayar objetos del hogar familiar.

Psicológica: que implica insultoicono psicologias, gritos, intimidar a los padres, jugar maliciosamente con ellos y conducirles a pensar que están locos. También incluye hacerles exigencias irreales, insistir en que acaten sus normas, mentir, huir del hogar, y amenazar con suicidarse o con marcharse sin tener intención de hacerlo.

Resultado de imagen de icono economiaEconómica o financiera: se trata de conductas como robar dinero o pertenencias, vender posesiones de los padres e incurrir en deudas que deberán pagar los progenitores. También incluye exigir a los padres que les compren cosas que no pueden permitirse.

Un problema oculto

A muchos padres y madres les cuesta reconocer cuándo están siendo víctimas de violencia por parte de su hijo o hija: “Es difícil admitir que mi hijo o hija me agrede”. Por eso, muchos padres y madres minimizan e intentan restar importancia a las agresiones especialmente cuando estas consisten en insultos y humillaciones. Piensan que son cosas típicas de la adolescencia y que se pasarán solas. Además, algunos padres y madres temen que si se sabe lo que les está ocurriendo, se les criticará y cuestionará su actuación como progenitores: “Realmente he fracasado como madre o padre y por eso me está sucediendo”. Este miedo a la crítica junto con el deseo de proteger a sus hijos e hijas les lleva a mantener oculto el problema.

¿Cómo son los hijos agresivos?

Se trata de adolescentes o preadolescentes, cuya capacidad de instrospección y autodominio es escasa, habitualmente son poco empáticos, muy impulsivos y con baja tolerancia a la frustración. Además muestran tendencia hacia la irritabilidad y dificultades para controlar la ira, su modo de actuar es egoísta, y suelen creer que las cosas ocurren por azar o por el poder de otros y por tanto no pueden controlarlo por mucho que se esfuercen (locus de control externo).

A nivel emocional su autoestima suele ser baja, se sienten poco satisfechos con la vida, tienen dificultad para expresar sus emociones (alexitimia), y pueden presentar una combinación de síntomas como angustia, problemas de sueño, etc. que les causa sufrimiento o malestar psicológico. Por otro lado, el consumo de sustancias tóxicas suele ser un disparador de la violencia, y en algunos casos la VFP converge con problemas de salud mental infanto-juvenil o con otro tipo de problemáticas antisociales fuera del ámbito familiar.

¿Cómo se desencadena este comportamiento?

Sucede con mayor frecuencia en contexto familiares donde la premisa es “no frustrar a los hijos”. Se trata de padres que ejercen un estilo educativo principalmente permisivo, con ausencia de normas y reglas. Donde los hijos cuentan con un elevado nivel de autonomía y responsabilidad impropio de su edad y madurez. Otros estilos educativos relacionados con la VFP son el autoritario y el negligente. Hablamos de padres que ejercen un tipo de disciplina inconsistente. Estos padres son críticos con sus hijos y se percibe una baja cohesión afectiva entre ellos. La violencia en la familia aumenta la probabilidad de que los hijos ejerzan violencia. Esto ocurre porque los hijos identifican como legítima la violencia, útil para resolver los conflictos.

En ocasiones, el comportamiento agresivo de los hijos se haya causado por un conflicto conyugal –actual o pasado– que genera un déficit educativo importante, con afectación especial en el área jerárquica, en la imposición de normas y en su mantenimiento.

En otras ocasiones, el conflicto conyugal incluye a uno de los hijos, el cual inicia una estrecha alianza con uno de los progenitores. Se desarrolla, entonces, una relación muy cercana, que altera el normal ciclo vital familiar.

Finalmente, la aparición de la violencia filio-parenteal, puede producirse en ocasiones como un intento primitivo, por parte del hijo, de alejarse de la relación tan cercana o sobreprotectora que tienen los progenitores. Cuando el ciclo de la violencia empieza y el adolescente percibe el beneficio secundario de la utilización de ella (se sale con la suya, le dejan tranquilo, etc.) y se instaura un circuito de funcionamiento que tiende a su repetición y asentamiento.

¿Cuándo pedir ayuda?

  • Si un padre o una madre siente que ya no controla la conducta de su hijo o hija.
  • Cuando se siente asustado/a ante la posibilidad de que le agreda físicamente o se produzca un episodio de violencia
  • Cuando se siente profundamente humillado/a por sus insultos continuados, es el momento de pedir ayuda.
  • Si se siente desbordado/a por la situación, es el momento de pedir ayuda.

¿Dónde pedir ayuda?

  • Puedes ponerte en contacto con los servicios sociales de tu localidad.
  • Puedes ponerte en contacto con un psicólogo o psicóloga.
  • En el caso de que temas por tu bienestar físico o en el caso de que el adolescente cometa algún delito, es necesario ponerlo en conocimiento de las autoridades (policía, guardia civil). Es muy posible que esta opción genere emociones intensas en los padres, pero es necesario poner en conocimiento de las autoridades lo ocurrido. Las autoridades le asesorarán y le apoyarán. En cualquier caso, si necesita apoyo durante este proceso puedes solicitar ayuda a un psicólogo o en el área de servicios sociales.

La intervención en el ámbito del psicólogo privado variará en función de las características de la familia, de la situación y del menor. Pero de manera general, el psicólogo puede:

  • Ayudar a la familia a identificar si la situación que está viviendo es Violencia Filio-Parental.
  • Asesorar sobre qué es la Violencia Filio-Parental y qué se puede hacer al respecto.
  • Enseñar a los padres a gestionar las emociones y pensamientos asociados a la situación que están viviendo.
  • Dotar a los padres de las habilidades necesarias para el establecimiento de límites claros.
  • Desarrollar las habilidades comunicativas de los padres.
  • Ayudará al niño, adolescente o joven a identificar y manejar la ira.
  • Desarrollar las habilidades de comunicación deficitaria del niño, adolescente o joven y entrenarle en la resolución de problemas.
  • Mejorar la gestión de las emociones del niño, adolescente o joven y favorecer la motivación y el compromiso para el cambio.

Referencias:

Martínez, M.L.; Estévez, E., Jiménez, T.I. y Velilla, C. (2015). Violencia filio-parental: principales características, factores de riesgo y claves para la intervención. Papeles del Psicólogo. Vol 36 (3), pp. 216-223.

Pererira, R. y Bertino, L. (2010). Los hijos que agreden a sus padres. La actitud del profesional de atención primaria. FMC. Vol 17 (1), pp. 39-47.

Hijos Agresivos: Violencia Filioparental
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